CONFERENCIA DUELOS SIGLO XIX
ATENEO DE MADRID
Sección de Ciencias Históricas
CONFERENCIA: Riepto, Torneo y Duelo
Viernes 7 de Mayo de 2010
ADELARDO SANZ (1886)
Maestro de Esgrima
El duelo es un combate entre dos personas bajo condiciones previamente estipuladas.
Si perseguís el duelo, fomentaréis el asesinato.
A pesar de los rudos ataques de que ha sido objeto, es una necesidad social. Y sería altamente social si se ocuparan de reglamentario convenientemente las personas que pueden darle carácter legal.
Estoy persuadido de que sin el duelo los hombres se volverían chismosos y maldicientes como la mayor parte de las mujeres lo son entre ellas.
La sociedad no puede hacerse ilusiones, ella debe saber que el hombre incapaz de exponer su vida por una cuestión de dignidad personal, no la expondrá jamás en aras del interés público.
El duelo es un progreso de la civilización conquistado sobre la barbarie; es el combate de los bravos reglamentado por el honor y la lealtad.
Mejor sería que la ofensa no existiese, pero como no vivimos entre ángeles, hay que convenir en que el duelo es un mal necesario, una necesidad social.
El respeto mutuo debe ser la base de toda sociedad bien organizada, y el hombre que está dispuesto á arriesgar su vida contra la del que le ofende, se conquista forzosamente este respeto hasta tal punto, que aun cuando salga vencido en la contienda, queda en buen lugar; esto tiene una clarísima explicación; el hombre á quien se ofende en su honra y no procura lavar con la sangre del que le ultrajó la mancha inferida, indica que tiene en poco esta honra ó que estima la vida en más de lo que puede permitírsele- á un hombre de honor; pero desde el momento en que se bate demuestra que estima en más su honra que su vida, y si sale vencido sufrirá físicamente como en cualquiera de las enfermedades que en este mundo se padecen, pero quedará limpia por completo su dignidad.
Lo mejor en todos estos casos sería tener grandeza de alma; al que nos abofetea una mejilla, presentarle la otra, y al que os infama, reprenderle dulcemente, aprovechando tan propicia ocasión para exhortarle el amor al prójimo y el respeto á los principios sociales; por desgracia, nuestros amados prójimos, sin excluir las sensibles prójimas, en vez de entonar alabanzas en loor del que tan cuerdamente se condujese, le mirarían como un cobarde sin dignidad que no sabe hacerse respetar de sus semejantes, y el que no sabe hacerse respetar, es despreciado de todos.
CONTRA EL DUELO:
El Barón de Albi (1904)
La supresión del Duelo es de orden social. Tiene tal costumbre por origen, una falsa idea del honor; y en la mayor parte de los casos se efectúan los lances por una especie de respeto humano o bien parecer, que es hijo de la preocupación de creerse deshonrado si se rehúsan o no se aceptan cuando el Código del honor lo exige. El Duelo es un prejuicio originado por una convención absurda que da por resultado un concepto equivocado de lo que es el Honor.
¿Qué cosa es el Honor? Es el valor moral del individuo.
“Sólo puede considerarse hombre de Honor el que respeta a los demás, respetándose a sí mismo; el que, dominando sus pasiones, practica una vida arreglada y conforme a la moral; el que habla siempre de acuerdo a la verdad; el que demuestra la más escrupulosa delicadeza para con sus semejantes; el que fuerte en sí mismo, no teme el peligro, dispuesto a afrontarlo en defensa de los seres, ideas y principios confiados a su protección.”
Del individuo que así obra puede afirmarse que sigue las reglas del verdadero “Código de Honor”.
¿Puede decirse lo propio del que se bate en Duelo? Indudablemente no; pues el Duelo significa la completa infracción de dichas reglas y la aceptación de aquel prejuicio o preocupación que tan lamentables equivocaciones produce.
Tales prejuicios son los que hay que combatir en el terreno social, y es preciso hacerlo demostrando que existen procedimientos más adecuados que los de acudir al terreno para lavar una ofensa y conservar intacta la Honra, con los cuales se obtiene satisfacción cumplida, se deshace la calumnia de que se es víctima, se averigua quien es el culpable y se proporciona debida reparación al Honor ofendido.
El Duelo no puede jamás producir resultados tan prácticos y categóricos. La muerte o la herida de uno de los contendientes nada prueba; la ofensa no se castiga si el ofendido es el que perece; la calumnia, si existe, queda en pie, y las dudas acerca de quién es el culpable y quien el inocente no se aclaran, sea cual fuere el resultado del combate.
MURCIANO A. (1902) Prontuario del Duelo.
Duelo:
Combate entre dos personas que, previamente, se han retado o desafiado.
Llamaremos Duelo al que se acostumbra entre caballeros, con sujeción a ciertas leyes impuestas por la costumbre, y regladas por algunos autores que las han recopilado en series de artículos, denominando CÓDIGOS DE HONOR a los libros que contienen estas leyes.
Nadie que de caballero se precie puede apartarse de estas leyes sin perder su condición de hombre de honor, y por consiguiente EL DERECHO AL TRATO SOCIAL CON SUS SEMEJANTES.
El Duelo es un acto que, aunque se sabe condenan las Leyes, lo aceptan todas las personas de buena educación, hasta el punto de ser TOLERADO POR LAS AUTORIDADES.
En general, toda persona que representa o ejerce autoridad, es un caballero que se avergonzaría de perseguir o castigar a los duelistas; pero aun llegado el caso inverosímil de que una autoridad tuviese voluntad de perseguir el Duelo, JAMÁS SE ATREVERÍA, TEMEROSO, CON RAZÓN, DEL SEVERO CASTIGO QUE LE IMPONDRÍA LA SOCIEDAD menospreciándolo y considerándolo un mal caballero, AL QUE DEJARÍAN AISLADO los demás que ejercieran cargos análogos.
Compréndase, que el Duelo está penado, sí; pero no tiene sanción efectiva. En cambio, el que falta a sus leyes sufre inexorablemente la pena más severa que puede recaer sobre un HOMBRE DE HONOR, la descalificación como tal.
Las malas costumbres desaparecieron bien pronto, efecto de las buenas que en sustitución introdujo el progreso; mas, cuando subsiste el Duelo sin tendencia alguna a desaparecer, digan lo que digan sus enemigos, es porque tiene más cosas buenas que malas, o por lo menos es necesario.
El Duelo tiene como objetivo lavar una ofensa entre dos personas decentes, sin las consecuencias del presidio, cuyo fin principal es aislar de la sociedad a los que no merecen FORMAR PARTE DE ELLA.
Vemos muchas veces, que las personas cuya educación no está al nivel de los caballeros, tienen disgustos gravísimos que acaban con la vida de unos y con la libertad de otros.
Nadie puede negar que si al iniciarse una de esas cuestiones mediara el poderoso freno de las Leyes de Honor, los adversarios no entablarían lucha encarnizada ni la reanudarían, cual acontece, esperando el fallo sereno de CUATRO AMIGOS CARIÑOSOS, interesados en que queden en buen lugar, con el menor riesgo posible.
Cuando dos caballeros dirimen sus diferencias con las armas en la mano, existe siempre un gran fondo de justicia, que da al combate el carácter esencial de nobleza que lo distingue.
Las condiciones son idénticas, las armas iguales, las ventajas del terreno, son decididas por suerte. Todo, en fin, es lealtad, nobleza y justicia. El lance es presenciado por caballeros que impiden que se falte a lo pactado y los combatientes se hallan siempre a cubierto de una felonía.
Compárese, por último, la gentileza de estos lances, con la villanía de los que tienen lugar entre gentes de baja estopa, y a los que sin quererlo, llegarían los caballeros si el duelo no existiese.
Federico Páez Jaramillo (1902)
Para saturarse del espíritu caballeresco, recordando aquellos buenos tiempos en que se desafiaba:
…….. A todos los muertos
Y con ellos a los vivos;
A los hombres y mujeres
Los por nacer y nacidos.
Todos los que vivimos en el mundo de los vivos y no creemos, como célebres libertarios a la moderna, que se puede exhibir, con absoluta despreocupación, la mejilla abofeteada, por aquello de ser contrarios al duelo.
Los enemigos de los lances de honor, si escudados en creencias religiosas o en ideas progresistas, no se creen merecedores de que se les llame cobardes ni de que se crea que tienen miedo, tampoco deben llamar criminales y espadachines a los que ventilan gallardamente sus diferencias con el filo de un sable, la aguzada punta de un florete o la modestísima bala de una pistolita de combate.
MARQUES DE HEREDIA
Verdades en pocas Palabras (1892)
Quién sirve al qué dirán es verdadero esclavo, y que la prudencia es más necesaria que la osadía, aun en la misma guerra, y en todo género de combates; porque no se vence con ímpetu, sino con firmeza de voluntad iluminada por el entendimiento.
Si perdiéramos el Honor, porque a cualquiera se le antojase ofendernos, poco valor tendría tan inestimable prenda, más preciosa que la vida; prenda que no se pierde contra la voluntad, y de la cual nadie nos despoja, si antes no faltamos a los deberes que nos impone la recta conciencia, luz del entendimiento y guía de nuestras acciones.
El bravo militar y el esforzado varón pueden condenar, sin detrimento de su Honra, y sin merecer la nota infamante de cobardes, la injusta costumbre de los Duelos, probando con sus actos que saben morir por Dios, por la Patria y por el deber.
Resplandece en los actos humanos la inapreciable cualidad del valor, cuando los fines que nos proponemos son nobles, generosos y justos.
El verdadero valor mira por donde debe ir, y no por donde va el vulgo preocupado y temerario que llama honra al deshonor de la culpa, labrando su propio daño, esclavo del QUÉ DIRÁN, monstruo cruel y sanguinario que desprecia y se ríe de los cobardes que le temen.
Esto por lo que toca al Duelo; en cuanto al derecho a defender la vida, no se figuren los MATONES estar de enhorabuena, creyendo sea palabra vana, pues justo, lícito, racional y humano es rechazar la fuerza con la fuerza.
RAFAEL M. DE LABRA (1840/1918)
LAS ARMAS EN MADRID (1879)
Presidente del Ateneo de Madrid (1913/1917)
¿Qué es el duelo?
Pura y simplemente una imposición de la sociedad que estima que ni sus leyes ni sus costumbres sancionan y penan suficientemente ciertas faltas, y que, por tanto, encomienda al esfuerzo individual la obra de la justicia en sitio y hora oportunos, de modo que su realización no sea una perturbación ó un escándalo, como sería en medio de las calles ó dentro de los establecimientos públicos. En tal concepto, y con ser el duelo una atrocidad, es relativamente un progreso y entra perfectamente dentro de la economía social.
La impunidad es una idea absurda, un imposible como base de una sociedad.
Cuando las Leyes ordinarias y la justicia común no responden en absoluto á la opinión pública, viene la revolución en los pueblos. Pues bien; una cosa análoga pasa en esfera más reducida, en la esfera del individuo.
¿No castiga el juez? ¿No castiga ó refrena la sociedad? ¿No sucede eso?
Pues siempre, siempre, desde que el mundo es mundo, para estos casos está el garrotazo individual.
LANCES DE HONOR (1995)
Rafael Abella
Duelos Siglos XIX y XX
Las causas del Duelo, en esta época, se pueden agrupar en dos grandes apartados:
Las originadas por ofensas de honor y al buen nombre personal, surgidas en tertulias, en cruces de palabras revestidas de insolencia o humillación, colmadas, tal vez, por agresión física; o las nacidas en escritos alusivos hirientes a la dignidad de las personas, hecho en el que colaboraría decisivamente el auge de la prensa escrita.
Los Lances que tenían a la mujer por causante del desafío, activa o pasivamente, voluntaria o involuntariamente. La defensa espontánea de una dama mancillada o víctima de proposiciones deshonestas era causa de lance provocado por el que se erigía en protector de la señora contra el ofensor. Si en este caso, el móvil era la defensa de una honestidad, lo que desembocaba en el campo del honor, otra causa diametralmente opuesta conducía al mismo punto: el adulterio femenino, fuente de innumerables lances en los que el marido burlado no tenía más salida digna que retar al seductor para lavar la ofensa y la honra. Curiosamente, la fémina culpable y causante del drama podía ser repudiada, sin más, o tal vez perdonada si el lance terminaba con la muerte del amante. Según la costumbre socialmente aceptada, la ofensa había sido lavada y el honor puesto a salvo.
Introducidos en el Siglo XIX, la procesión de las ideas dominantes que sellan una época da paso al Romanticismo.
Surge un frenético deseo de vivir intensamente, de apasionarse por una idea, por un ideal. Se retorna a admirar lo gótico, lo medievalizante, vuelven los tintes caballerescos y el culto a la dama. El ansia de vivir con emoción propicia los enfrentamientos que encierran el riesgo indefinible y fascinante de poner en juego la vida. El Duelo estaba servido como expresión romántica de una época. La muerte hace su aparición como gran protagonista que en la vida, en la literatura y en el arte exige un nuevo culto.
Las muertes violentas, como sacrificio asumido por un fracaso político, por un fracaso sentimental o hasta por la caída en el tedio vital, hacen que la idea de morir genere incluso la propagación del suicidio como gesto de supremo desdén por la vida.
En este siglo el Duelo recuperó su plena vigencia, se batieron ministros, diputados, senadores, periodistas, militares, marinos, poetas, escritores, aristócratas. La raza de los espadachines profesionales se propagó. Llegó un momento en que, para los actores de la vida pública, ser un buen tirador de sable o de espada era condición indispensable para ejercer sin desdoro. Fue la gran época de los Maestros de Esgrima.
Aparece en 1836 “Ensayo sobre el Duelo” del Conde de Chateauvillard.
“Lances entre Caballeros” D. Julio Urbina y Ceballos-Escalera, Marques de Cabriñana del Monte. La obra de Cabriñana se convirtió en la Biblia de los Lances de Honor.
Sería tachar de insensible a la sociedad de la época si ante sucesos trágicos no surgieran voces que atacaran un hábito sancionado por el Código Penal. Tamayo y Baus en su gran éxito teatral “Lances de Honor”; Larra, en artículos como “El Duelo”, acusaron del sinsentido de los desafíos, la muerte de hombres en la flor de la edad por un prurito de pundonor totalmente erróneo.
Refiriéndose al tema del adulterio como causa de innumerables desafíos cuyo origen quedó en el secreto, impuesto por íntimas razones, Clarín, en la “La Regenta”, trazó el cuadro más corrosivo contra el duelo al anudar el argumento entre tres personajes centrales: un magistrado, su atractiva mujer y un donjuán que, abusando vilmente de la amistad del marido, seduce a la esposa empujado por un capricho de coleccionista. El marido dejándose llevar por los prejuicios sociales, cae en la trampa del honor mancillado y desafía al amigo felón a un duelo en el que resulta muerto el propio marido. El matador además de arrebatarle la honra, le ha privado de la vida.
Es evidente que el duelo abría el camino para intentar tomarse la justicia por su mano. Pero podía ocurrir que la justicia no fuera tal y el perdedor fuera el agraviado, como llegaba a suceder. Pero esto tenía solución: buscar un espadachín profesional que actuara, con todos los honores, como un ejecutor a sueldo. Un tal M. de la Verdance confeccionó una lista de enemigos a los que deseaba ver muertos y la entregó a un duelista de oficio. Éste se encargó de ir provocando una cuestión de honra con los señalados. El método se reveló infalible, y en poco tiempo Verdance se cio libre de incómodos rivales.
Al entrar en el último decenio del siglo XIX, la España Romántica había quedado atrás, Espronceda, Larra y Bécquer eran ya sombras.
España rondaba los 16 millones de habitantes, de los cuales las tres cuartas partes eran analfabetos. Y, sin embargo, si algún fenómeno podía estimarse como destacado de la época era el auge de la prensa escrita. Madrid contaba con 41 diarios y 135 semanarios.
El concierto de voces era amplio y el registro extenso, con predominio del sarcasmo, la causticidad y la sátira que derivaba en polémica y en reto. El enfrentamiento político era moneda de cambio.
Y a tenor de estos enfrentamientos que conducían al choque personal obligó, en muchos casos, a seguir la costumbre implantada en algunos periódicos parisinos consistente en tener en nómina dos directores. Uno, el auténtico, que llevada la dirección política y literaria de la publicación: el otro, el llamado “director de paja”, un sujeto diestro en el manejo de la espada y la pistola, un tunante extraído de los bajos fondos y dispuesto a dar la cara para responder a los inevitables lances a que daba lugar el ejercicio de un periodismo polémico y pronto a la ofensa personal.
El Duelo entró en el olvido como un hecho obsoleto, impropio de un siglo en el que lo caballeresco había perdido toda su alta significación.
Una tradición entre medieval y romántica, había dejado de existir.
LUIS DE ARMIÑAN
El Duelo en mi tiempo (1950)
Referencias al Ateneo
En el año 1896 hizo ingreso en la nómina de los duelistas don Ramón de Valle-Inclán, quien se batió con el periodista andaluz Julio López Castillo por una discrepancia de tertulia. Se hicieron ambos de un golpe doble. Armiñán cuenta que, al poco, se encontró con Valle en el Ateneo y se apresuró a felicitarle por su arrojo. El aludido agradeció la deferencia con estas palabras: “Amigo mío, las armas no hay duda que tonifican”
Duelos trágicos: Pág. 95
Desde el Ateneo, aquel viejo caserón de la calle de la Montera, en el que se reunían viejos revolucionarios y políticos, literatos y periodistas, poetas y bohemios románticos, en sociedad fácil, corriente y comunicativa, que contaba cuarenta años de vida en un régimen amplio de tolerancia expansiva, hasta el otro caserón de la calle del Prado, con su reducida fachada, su monumental escalera y el salón de actos, en amplio anfiteatro, habían pasado los años sin modificar el espíritu. Malo o Bueno, el Ateneo fue una expresión espiritual de su tiempo.
El Ateneo fue tribuna libre, abierta a los aires; biblioteca grande, nutrida, magnífica, y “cacharrería”, esto es íntimo salón de comentarios, de murmuraciones y de “decires”. Se habla, se discute, se estudia, se aprende, se “duerme” y se alborota.
Todo se discutía en el Ateneo: Religión, Monarquía, República, política, amistad, familia, el oro, la gloria, la mujer…..
La “Cacharrería” del Ateneo, un salón con chimenea de leña, retratos de próceres, reloj de bronce y mármol, sillones y butacas.
Constantemente concurrida, en la “cacharrería” sus habituales lo discuten todo; nadie se libraba de sus críticas, y sus concurrentes, arrogantes, incisivos, lo “rompían todo”, como si se entregaran a los chicos los cacharros. De ahí su nombre. Gritos, denuestos, voces, carcajadas. Desde el ancho pasillo se les oía, se les veía, alborotado, vocinglero.
Aquella noche cuando me asomé a la cacharrería era ya muy tarde. Fue un poeta bohemio, trasnochador impenitente, el que nos trajo la noticia y la lanzó como una bomba de mano:
Corradi ha matado a Godino en el Duelo que se ha verificado hoy.
Godino, uno de tantos, que aún no rebasaba los treinta años, con salud, humor y dinero para vivir, ávido de gozar y dando la cara a la vida. En ella tropezó con una mujer sugestiva, y tan bella, que de pronto se sintió dominado por un ansia infinita de hacerla suya, costase lo que costase. Aun cuando le fuese la vida.
Y sucedió lo que tenía que suceder. Un día, en la brillante función de un lunes de moda en el Español, Teresa Mesalina (Dejadme darle este nombre) coqueteó ferozmente con los dos protagonistas, y en el vestíbulo, los dos se miraron ferozmente, y uno le dijo al otro “Es usted un petulante y estúpido monigote, al que si sigue molestándome le voy a poner la mano en la cara” “¿A mí?, ¿usted a mí?, Idiota vanidoso. Y sin decir más se abofetearon rudamente. Los separaron, pero y uno y otro corrieron a buscar amigos que los llevaran a matarse en un duelo fatal. A las pocas horas, uno de ellos caía herido mortalmente, y cuando murió, todas las personas sensatas de aquel Madrid abominaron del duelo homicida.
CABALLERO:
Hombre que se porta con nobleza y generosidad.
Persona de alguna consideración o de buen porte.
HONOR
Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.
Gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea.
HONRA:
Estima y respeto de la dignidad propia.
Buena opinión y fama, adquirida por la virtud y el mérito.
Pudor, honestidad y recato de las mujeres.
DIGNO:
Merecedor de algo.
Correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien o algo.
DIGNIDAD:
Cualidad de digno.
Excelencia, realce.
Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.
HONESTO:
Decente o decoroso.
Recatado, pudoroso.
Razonable, justo.
Probo, recto, honrado.
HONESTIDAD:
Cualidad de honesto.
DECENTE:
Honesto, justo, debido.
Correspondiente, conforme al estado o calidad de la persona.
ORGULLO:
Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.
OFENDER:
Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos.
INJURIA:
Agravio, ultraje de obra o de palabra.
Hecho o dicho contra razón y justicia.
Daño o incomodidad que causa algo.
Delito o falta consistente en la imputación a alguien de un hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación.
HUMILLAR:
Abatir el orgullo y altivez de alguien.
Herir el amor propio o la dignidad de alguien.
DESAFIAR:
Retar, provocar a singular combate, batalla o pelea.
Contender, competir con alguien en cosas que requieren fuerza, agilidad o destreza.
RIEPTO (reto):
Provocación o citación al duelo o desafío.
DUELO:
Combate o pelea entre dos, a consecuencia de un reto o desafío.
VALOR:
Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros.
COBARDE:
Pusilánime, sin valor ni espíritu.
COBARDÍA:
Falta de ánimo y valor.
OBLIGACIÓN:
Aquello que alguien está obligado a hacer.
Imposición o exigencia moral que debe regir la voluntad libre.
Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación recta de ciertos actos.
ESGRIMA:
DON ADELARDO SANZ (1886)
Maestro de Esgrima
La esgrima es el arte que nos enseña á herir al adversario evitando que él nos hiera; para llegar á dominarla no bastan las más felices disposiciones corporales, es necesario además la paciencia, la docilidad, la memoria, la reflexión y la teoría unida á una larga práctica.
Es uno de los ejercicios que reúnen más atractivos, tanto en sus relaciones con la parte física, como con la intelectual; contribuye poderosamente al desarrollo del cuerpo, da á los miembros la elasticidad, la gracia y la fuerza que constituyen la belleza viril, cultiva la vivacidad y la rectitud de la inteligencia.
Los caracteres violentos se modifican por el influjo de esta continua lucha llamada asalto, en la cual la voluntad trabaja constantemente enfrenando los arrebatos violentos.
RAFAEL M. DE LABRA (1840/1918)
LAS ARMAS EN MADRID (1879)
Presidente del Ateneo de Madrid (1913/1917)
Más de una vez pensando en la decadencia del antiguo carácter y el temple clásico de la vieja raza española, he creído hallar una de sus más evidentes pruebas en el abandono en que yace entre nosotros el conocimiento y práctica de la esgrima.
Porque las armas, y más concretamente la esgrima de sable y de florete (que son las armas por antonomasia) pueden y deben ser consideradas bajo un doble punto de vista:
Como medio de desarrollo de las fuerzas físicas, bajo la influencia y acción directa, menuda é incesante de todas aquellas prendas y virtudes que constituyen la excelencia intelectual del ser que hemos dado en llamar hombre.
O como recurso supremo y ordinariamente eficaz en los trances apurados de la vida, en los momentos críticos en que por el honor, la fe y qué sé yo cuántas cosas más (entre ellas la necesidad), jugamos todos esta existencia terrena, objeto de tantos cuidados y motivo de tantos trabajos y sacrificios.
Siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme, y todo fía
de su espada y su valor?
Las armas, pues, debieron ser, y fueron, una de las más vivas pasiones de nuestros padres.
Y tanto fue así, que en nuestro suelo se formó una escuela de esgrima, ceremoniosa, solemne, de actitudes magníficas, de movimientos acompasados, perfectamente en relación con el carácter augusto del español de aquella época; escuela conocida con el nombre de espada y daga española, cuyos secretos y excelencias explicaron Pacheco de Narváez y Rada, y cuyo respeto fue general en toda Europa, casi en los mismos días en que era celebrada por todas partes la nueva y especialísima táctica de nuestros famosos tercios de Italia y Flandes.
MARQUES DE HEREDIA
Verdades en pocas Palabras (1892)
El noble Arte de la Esgrima, practicado en la antigüedad y perdido en los siglos de barbarie, reapareció y alcanzó gran desarrollo en España cuando el sol no se apartaba de nuestros dominios. Sobresalieron Carranza, Pacheco de Narváez, Pérez de Mendoza y otros, a la par de nuestros valerosos capitanes, profundos filósofos y políticos e inspirados poetas, siendo fama que armas y letras no riñen al verse unidas, y que la afición a este arte, que tanto apasiona, pero que tanto educa, cultivada por una reflexiva práctica, crea valientes y no cobardes, honrados y no infames, generosos y no viles. No forma delincuentes, sino HOMBRES.
Esgrima:
La Esgrima es algo más que un deporte, su singularidad se basa en su esencia (Esgrima: Arte de jugar y manejar la espada, el sable y otras armas blancas, reparando y deteniendo los golpes del contrario, o acometiéndole) y en su Historia, que transitan dentro de la Historia de la Humanidad.
El Arte de la Esgrima no es resultado de la invención de un solo hombre, ni la obra de un día, cada época y cada necesidad han llevado un elemento nuevo, pero existiendo siempre un fundamento genérico e inmutable (Maestro León Broutin 1893).
“Aquel que cudiciare el honor por premio de la Ciencia, no debe despreciar ni huir el trabajo con que se consigue; y que el ignorar el hombre lo no forzoso, no arguye culpa notable; pero el no saber lo necesario, es desprecio de sí mismo; y sobre todo, que es torpeza de ingenio y falta de valor perder la esperanza de alcanzar aquello que cabe en la posibilidad de ser alcanzado”.
El día que pudo aprovechar el cobarde,
Para asesinar al valiente a distancia,
Ocultándose tras un parapeto,
Terminó el reinado de los dioses y de los caballeros.
EL DÍA QUE PUEDA EL COBARDE,
ASESINAR AL VALIENTE A DISTANCIA,
OCULTÁNDOSE TRAS UN PARAPETO,
ESE DÍA TERMINARÁ EL TIEMPO DE LOS CABALLEROS.
FIN





